Berlín: navidad y recuperación.

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Una ciudad enorme. Historia, arte, arquitectura, diversidad y el frenetismo recurrente de las noches, tan o mas viva que los días. Gente que ostenta, gente que necesita al menos una moneda para comer ese día, gente que saca miles de fotos, gente que tiene una vida social tan intensa que no puede vivir sin wifi, gente que habla, comparte experiencias, o que simplemente se sienta a escuchar con fascinación lo que yo tengo para contar. Luego de una semana en la gran urbe que representa Berlin, con tantas cosas para ver y conocer, puedo decir que un mes sería poco tiempo para poder recorrer y conocer todo lo que tiene. Tuve la gran suerte de poder dormir bajo techo en estos dias, con todo mi equipaje a resguardo del frío que viene de Siberia, que avanza extendiendose hasta el norte de Italia.

Conocí Uruguayos, Españoles, Peruanos, Chilenos, Mexicanos, Colombianos, Alemanes, Franceses, Italianos, Checos, Ecuatorianos, otros Argentinos, Holandeses, Suizos, Rumanos, Polacos, Lituanos, Ingleses, Irlandeses, Ghaneses, Marroquíes, Pakistaníes, Turcos, Iraníes, y logré darme cuenta de muchas realidades que desconocía. Mauricio tiene 22 años, y es su tercera vez en Europa, dado que este año se frustró su viaje a Asia por cuestiones de visado, vive con sus padres en Uruguay, está fascinado con la ruta y Bariloche, ama viajar. Carlos tiene 50 años, viene de Madrid, y dentro de dos días es muy probable que duerma en la calle, porque no tiene dinero ni trabajo, y aunque lo noté muy preocupado, jugamos unas partidas de ajedrez, para dispersar un poco la mente. Marcelo tiene 24, una beca, y estudia en Barcelona, sueña con conseguir un trabajo en Alemania, establecerse y poder traer a su mamá para que pueda vivir mejor que en Perú. Antonio, de 30 años, es un entusiasta, un viajero de mochila y aprendiz de guitarra, que se vuelve hacia su Chile querido con algo de frustración por la ruptura de su relación de pareja. José tiene 20, una beca en Madrid, le encanta andar de fiesta y conocer chicas, y siempre dice que está agradecido de la vida de no tener que vivir en México. Juan Manuel lleva cinco dias con resaca, pero a la noche se lo ve mucho mas activo y animado, no quiere ni hablar de Colombia y le gusta una chica Francesa que conoció aquí. Bernd tiene 24 años, es de Hamburgo y trabaja en un bar de Berlín, dice que le encanta la ciudad y es feliz ganando poco, porque el dinero no representa mucho en su vida. Loanne es una chica de 27 años que vino desde París con la intención férrea de quedarse a toda costa, aunque no tiene experiencia laboral y solamente habla Francés. Giovanna viene desde Verona, tiene 26 años y quiere conocer Alemanes y divertirse antes de irse para Polonia a pasar fin de año con su grupo de amigas, que no hablan más que Italiano. Petr es Checo, se logró establecer en Copenhague con su novia chilena, le gusta organizar jam sessions con musicos de cualquier lugar y tocar el tambor hasta quedase sin manos. Marcos tiene 19 años, está estudiando en Amsterdam y extraña el calor de Ecuador, pero le encanta Europa, mas que nada por toda la historia que se ha escrito aquí. Nahuel y Carolina están viajando por Europa, vinieron sin ticket de regreso hacia Argentina, han logrado conocer varios países y contactar a familiares aquí, y están publicando la experiencia de sus viajes en un espacio que les dió el diario Argentino “La Nación”. Benjamin es de Rotterdam, tiene 32 años y se sabe mil canciones de los Rolling Stones tocando la guitarra aparte de tener la habilidad de comerse una bolsa de papas fritas de tres manotazos. Marie tiene 23 años, y quedó fascinada con su experiencia en trabajo voluntario con niños en el sur de Marruecos, pero sabe que va a tener que pasar mas tiempo en Zúrich viviendo con su familia y estudiando antes de partir nuevamente a realizar labores de asistencia social. Victor tiene 30, y quiere conectar Dinamarca con su Rumania querida en bicicleta el próximo año. El chico Polaco no quería compartir nada con nosotros, solamente estaba sentado en el lugar porque al menos ahí su smartphone agarraba señal de wifi. Roland tiene 28, un trabajo estable en Londres, y en su primera vez en Berlín quiere conocer los tramos del muro que aún se encuentren en pie. George finalizó sus estudios de medicina en Frankfurt, y tenía ganas de volver a visitar a su familia en Ghana. Rachid no habla en inglés, domina un idioma que el define como “Francés de Marruecos”, y siempre quiere invitarle un trago a cualquier chica que ande cerca. Mohammed tiene 35, lleva 8 días en la calle, esperando que un amigo suyo vuelva de Viena para poder dormir en su casa mientras busca empleo sin saber hablar alemán, no está parando en el hostel pero al menos puede entrar y escapar de las bajas temperaturas durante las tardes de invierno en Berlin. Creo que Mohamed está consumiendo alguna sustancia, porque lleva 3 días y 3 noches sin dormir, y siempre se lo ve con mucha energía. Magid llegó desde Teherán con expectativa de conseguir algun trabajo referente a sus estudios, pero todos los ingenieros civiles aquí hablan en alemán. Veronica tiene 32 años, lleva 6 viviendo en Berlín, tiene 10 personas de couchsurfing durmiendo en su casa, un departamento pequeño, pero así y todo me ofrece la posibilidad de quedarme un día más antes de seguir mi camino a Hannover. Lógicamente, conocí muchísima gente más de los países que nombré, estos son algunos ejemplos que me ha surgido citar.

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De a ratos me da un poco de vértigo el hecho de haberme visto obligado a desviar mi ruta original, pero no puedo exponerme a tomar el riesgo de viajar hacia el sur, Praga, sabiendo que las temperaturas mas bajas se estiman en -15°C para estos dias. Hay una corriente de fuerte viento helado proveniente del noreste, y se proyecta por alrededor de una semana más. Mi única ruta válida o viable en este momento es otra, es hacia el oeste, y mi premisa es resistir. Eso no es disfrutar de una aventura, sabiendo que mi vida corre riesgo, y es un límite que pienso respetar. No dispongo de mucho dinero por el momento, porque no he recibido los dos últimos pagos de los 2 meses trabajados en Copenhague. Dependo en bastante grado de la buena voluntad de la gente que voy conociendo en el camino y valorando cada gesto o palabra de aliento, que tanto me ayuda a seguir adelante. Alexanderplatz y las afueras del Altes me han sido útiles a la hora de tocar la guitarra, para poder hacer algo de dinero y pagar un lugar donde estar, o comer algo en el día. No quiero tocar mis provisiones, porque sé muy bien que en la ruta las voy a necesitar indudablemente.

Personalmente, considero que es necesario mucho mas tiempo en esta ciudad para conocerla a fondo, poder conectarse con todo lo que tiene para ofrecer y conocer. Pero, asi y todo, pude recorrer y conocer algunos lugares, y emocionarme con el dolor ajeno. Me pesaba el corazón, parado frente a un trozo de muro de Berlin. Imaginaba cuantas historias pasaron por ahí, y tambien las que no pudieron ser, el dolor de los que quedaron en diferentes lugares y la desesperanza que golpeo a tantas personas inocentes, victimas de un capricho de poder por parte de países ajenos al lugar, pero dueños del conflicto. Me sentí infinitamente pequeño ante todo esto. Nunca me habia impactado tanto estar en un lugar como en el que estuve hoy. Me dolió la injusta realidad a la que nos someten personas que no nos conocen, pero que tienen el poder de la violencia para cambiar nuestro destino a su gusto y placer. Odié a las naciones, a los gobernantes, a las fuerzas armadas, a la indiferencia y al sometimiento que tenemos que aceptar para ser parte de la civilizacion, para ser aceptados solamente como seres civilizados y sentirnos incluídos socialmente.

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¿Es un error considerarnos humanos? No se, ya no lo se. La humanidad es lo que menos tenemos, si nos vamos al concepto real de lo que significaria humanidad. Humanidad, ¿Es compasion, es igualdad, es inclusion, es ayudar? Porque eso ya no lo veo en nada que se defina como ser humano. Si ese concepto de humanidad es cierto, no lo demostramos en nada. Para eso, prefiero vivir como un animal, que no mata por placer, que no destruye el lugar en el que vive, que no daña sin fundamentos, como lo hacemos nosotros. Y sobre todo, que es igual con sus pares. Pero soy un ser humano, y esa condición se carga de por vida, no se lava ni se deja hasta que el ultimo respiro nos abrace para siempre. Deberíamos replantearnos la manera de redefinir la humanidad, porque la belleza de todo lo que nos rodea se pierde, y eso nos incluye a nosotros también.

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La ciudad no es solamente la torre de televisión, y entre las luces de los bares y restaurantes, se dibuja una sensación de alegría renovada, luego de la tormenta. Las calles son amplias, con carriles de bicicleta, tranvias, puentes de hermoso diseño arquitectónico, enormes edificios históricos, imponentes plazas y museos, y un ritmo intenso de gran ciudad. Ayer, mi rueda delantera resbaló en un pequeño planchón de hielo, y tuve suerte de no caerme, porque estaba alerta a esta dificultad en las calles. No voy rápido en bicicleta porque, al fin de cuentas, no tengo apuro, mi distención de ligamento sufrida dos dias antes de llegar a Berlin ya casi ha vuelto a su normalidad, y es necesario respetar los tiempos de recuperación. El frío logró dispersar a los polacos que piden monedas atrás de la estación de Alexanderplatz. Una pareja se besa bajo el reloj mundial. Todos se sacan una selfie con la torre de televisión de fondo, para subirla a Facebook, Twitter o Instagram, esperando likes, followers, retwitts y la envidia de sus amigos y familiares. Mi móvil, un aparato poco tecnológico para los tiempos que corren, que sirve solamente para llamar y enviar mensajes, no tiene cobertura en este país. No obstante, no pienso comprar un chip, porque no hay nadie a quien llamar aquí, y por otro lado, creo que el frío de las heladas durante el viaje le dañaron la batería, por lo cual ya ni siquiera utilizo la funcion “alarma”.

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Me siento muy contento de tener la oportunidad de conocer este lugar, sin importarme el clima, y creo que la suerte en general me está acompañando en estos días. Lo único que espero es que pase este frente frío, para poder encaminarme rumbo al oeste. Estoy listo, pero soy consciente de que esto no solamente depende de eso, y el frío me esta avisando que aún no es momento para hacer la próxima etapa. Hannover está a unos 303 km en linea casi recta, no hay ascensos muy pronunciados, mi carga se va a alivianar porque voy a ponerme mucha ropa para continuar en esa dirección. Necesito recuperar la constancia con el camino, escapar del frío y conocer más lugares. Mi rumbo ya no está definido, pero sea cual sea, lo voy a transitar con alegría en el corazón. Ahora muere la tarde, le doy otra vuelta a mi bufanda, me pongo los guantes, guardo la guitarra en la funda y el dinero que gane hoy, para subir a mi bicicleta y atravesar el centro, rumbo al calor del hogar que hoy me abre las puertas.

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