Trazando el oeste

22/01/2015

Se lava el camino, y también desafía.

Luego de haber recorrido y disfrutado de mi paso por Groningen, de la reparación de mi bicicleta, y de haber conseguido un contacto que me confirmara la disponibilidad de alojamiento para mi estadía en Joure, me puse en camino inmediatamente. Salir de Groningen me recordó a Bremen en cierta manera, no solo por el clima, sino también por la vista e la ciudad a medida que me alejaba, con pintorescos pueblos alrededor, casi considerados barrios por la cercanía que hay con la ciudad.

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El trayecto fue algo desviado, dado que no existe un camino totalmente derecho hacia Drachten cuando se avanza en bicicleta. De todas maneras, fue muy agradable recorrer la ciclovía y su enorme entramada, a pesar de la lluvia que había comenzado temprano, la cual se detuvo alrededor de las 6 de la tarde. hubo momentos de bosque, de lugares completamente despejados, y la vista de a ratos era bastante parecida al primer tramo en Holanda, muchas aves, tierra revuelta por los topos, grandes campos, canales y puentes. A las 7 y media de la tarde, la noche comenzó formalmente, a pesar de estar oscuro desde las 5. El frío comenzó a hacerse sentir gradualmente, hasta llegar a los -4°C. la humedad remanente de la lluvia convirtió gradualmente al camino en una pista de patinaje, lo cual no me preocupó dado que advertí que el peso que traslado es de utilidad a la hora de desplazarse sobre los planchones de hielo que se fjeron creando. No obstante, sin confiarme, decidí llevar una velocidad moderada, tal vez tardando un poco más de lo esperado, pero teniendo la seguridad de avanzar sin problemas. Llegué a Joure a las 10pm, y logré ubicar rápidamente la casa de Eelco, un tipo muy agradable, viajero temporal, fanático de fútbol, de Maradona y de Messi, quien me alojaría por 2 días antes de seguir mi camino hacia Amsterdam.

El dia siguiente fue un día ideal: Soleado, despejado y sin signos remanentes de la helada del día anterior. Decidí conocer los alrededores del pueblo, gracias a las recomendaciones que Eelco muy amablemente me brindó. El suroeste de la provincia de Frisia comprende una sucesion de embalses y puentes, canales y circuitos de bicicleta, pequeños pueblos, clásicos y pintorescos molinos, mucho campo con ganado y costa. El día me fue muy favorable, y pude aprovechar de cada vista a medida que avanzaba con mi bicicleta liberada del pesado equipaje que transporto durante el viaje.

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24/01/2015

El iglú.

Salí de Joure a las 8 de la mañana, con la idea de llegar directamente a Amsterdam, cubriendo un tramo de 125km. La idea no fue mala a mi entender, pero el clima no me ayudó en absoluto. Al cambiar de provincia, pude notar que las ciclovías dibujaban tramos mucho mas directos que antes, yendo por lo general a unos metros de distancia de la carretera. La mañana fue agradable y cálida, pero esta proyección se fué diluyendo a medida que se acercaba el mediodía. Alrededor de las 13hs, decidí hacer una parda en un pueblo llamado Urk, el cual se encuentra justo antes de cruzar un enorme puente que hace del camino rumbo a Amsterdam una línea recta. Diez kilómetros antes de llegar, con muy poca visibilidad desde antes producto de la niebla, comenzó a nevar bien fino y molesto, impidiendo una buena visibilidad.

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De todas maneras, y con más ganas todavía, decidí volver al camino rápidamente. El día terminó formalmente a las 3 y media, comenzando a cerrarse rápidamente, y ahora en contacto directo con el viento proveniente de la costa.

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El camino mas recto resultó ser el mas inhospito, y el mal clima persistía. a las 21hs decidí detenerme, sin haber cumplido mi objetivo. No fué frustrante para mí, dado que acepté el hecho evidente de la condición climática, la cual empeoró progresivamente al llegar a la medianoche. En el tercer descanso existente en el tramo de la carretera N701 que conecta las ciudades de Lelystad y Almere decidí acampar, en medio de la oscuridad y algo expuesto al helado viento nocturno de la costa, cociné algo de arroz, salsa y atún, comí algunas frutas, me abrigué bastante y me dispuse a escribir estas lineas.

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La noche llega despacio a mi cabeza, mientras la nieve cae y transforma de a poco mi carpa en un iglú, creando paredes blancas que se van compactando por ayuda del viento. de un momento a otro, ya no se siente el frío dentro de la carpa, dado que estas paredes provisorias suponen una especie de refugio. Por suerte no tengo mucha ropa mojada, y no demoré practicamente nada en apostar el campamento. creo que debo estar a unos 35 o 40 km de Amsterdam, no mas que eso. Recuerdo esas noches acampando en el desierto que dibuja Villa el Chocón, en la provincia de Neuquén, Argentina. El profundo cielo estrellado, sin contaminación lumínica, al igual que el lugar en el que me encuentro. Una lástima no poder ver las estrellas.

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