Un descanso involuntario, pero el camino continúa.

Luego de un buen tiempo sin haber podido publicar material, dado que la aplicación con la cual lo hago no funcionaba, vuelvo a relatar más vivencias. Han pasado muchos kilómetros ya desde que me alejé de Holanda, posteriormente pasé por Bélgica, Luxemburgo, Alemania(nuevamente), Holanda por unos kilómetros y Bélgica de nuevo, para llegar a Francia, el lugar en el que me encuentro ahora. No perdí el ritmo del pedal, no abandoné la escritura, ni dejé de tomar fotografías, como tampoco fué voluntaria la pausa que ha tenido este blog. A todos aquellos que seguían ingresando cada tanto para ver si había alguna novedad, quiero extenderles una disculpa sincera. No fué una pausa voluntaria, fue simplemente un inconveniente técnico el que no me permitió continuar actualizando a buen ritmo este improvisado blog. Asimismo, como ha pasado tanto tiempo, pueden estar totalmente seguros de que hay mucho mas por leer y ver, dado que no detuve mi travesía. Me gustaría poder contar todo de una vez, pero sería demasiado extenso. Durante estos días me voy a encargar de ponerlos al tanto del curso de esta aventura. Muchas gracias por todo, y espero que disfruten de estas próximas entregas.

Escalas de calidez.

06/02/2015

Rotterdam. Expectativas arquitectónicas.

Me desperté a eso de las 9 de la mañana, después de una larga noche de charla con mi anfitriona, Marga, una chica holandesa que no estaba pasando por un gran momento en el plano afectivo, alguien a quien pude ayudar a aclarar su cabeza gracias a las charlas que tuvimos durante los días que me alojó. Dejo los suburbios para volver a cruzar el puente subterráneo que me lleva al centro. El ritmo de la ciudad es desordenado, todos están apurados, por suerte la bicicleta es prioridad casi absoluta. Entre los caminos nevados, se alza indomable la imagen del Erasmusbrug, el colosal puente que une el centro con los suburbios.

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Yo crucé por el Maasbrug, un puente subterráneo construído en la década de los ’50 que ha sido galardonado con un reconocimiento por parte de la UNESCO. No me cuesta nada darme cuenta el conocimiento que tienen los ingenieros Holandeses en lo referente a diques, represas, centrales hidroelectricas, puentes fijos o levadizos, y tampoco me cuesta comprender cual es la razón por la cual sus diseños destacan por encima de todos. Pero hay mucho mas por ver. Marga me recomendó Cube house y Marketplatz, y quiero llegar pronto. Retomo el camino congelado, rumbo al centro.

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De nuevo, en cada lugar se destaca la arquitectura, el diseño, las tonalidades, la profundidad, la funcionalidad de cada obra arquitectónica. Resulta muy agradable a la vista, destacando modernas obras que contrastan con la falta de construcciones de antaño. Todo esto se remonta a los periodos de guerra, en los cuales la ciudad ha sido muy golpeada por los bombarderos. No hay un sólo lugar del cual podamos decir que se ha podido mantener a lo largo de la historia de Rotterdam, y las luces rojas en el suelo lo recuerdan. Se ha colocado una en cada lugar en el cual una bomba o misil ha impactado, dejando devastación y muerte en lugares que hoy vemos habitados, o escuelas, o iglesias, o diferentes edificios también. Sin quererlo, recordé Berlín. Su muro, sus penas, sus historias inconclusas. De repente, recuerdo el muro. Aquí no hubo un muro. Sin embargo, también hubo muerte.

07/02/2015

En ascenso. Gouda.

Sin haber visto todo, ya me encontraba explorando otros lugares. Marga me dijo que el mejor viaje que podía hacer en esta fecha era el de ir a Gouda, una ciudad al noreste de Rotterdam, y efectuar una especie de circuito en bicicleta para poder conocer tambien la costa. en eso consistió mi segundo día en Rotterdam, en pedalear por caminos bien demarcados, en saludar a cada instante, en acercarme ascendiendo lentamente hacia el cauce del río.

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Gouda es una ciudad hermosa, la cual me trajo recuerdos anteriores, ya que en cierta manera se parecía mucho a los barrios de Ámsterdam. No pude entablar ninguna conversación, ya que todos hablaban neerlandés, pero disfruté muchísimo del trayecto, la visita a la ciudad y también de un divertido momento en el cual yo podía asegurar no estar perdido, aunque en realidad me encontraba completamente perdido. Con decirles que mi trayecto original de unos 40 km en bicicleta se vio finalmente concluído en unos 78 km, creo que les digo suficiente. Durante mi regreso, me desorienté por estar disfrutando del camino, de la ruta aleatoria, de las vistas inolvidables. Y eso fueron, inolvidables, inflexibles e inexorablemente estrictas a la hora de informarme la lejanía que las mismas tenían del camino original. Sin embargo, no me resultó negativa la experiencia. Regresé con demora y cansancio, pero también con mucha alegría.

10/02/2015

Camino a Uden

Luego de una genial experiencia conociendo Rotterdam, era hora de continuar mi trayecto. Nadie contestó mis mensajes para recibirme en Breda, Tilburg o Eindhoven. Mi opción era ir a un hostel en cualquiera de esos 3 lugares, o conocer a Miriam en Uden, un pequeño pueblo situado a cerca de 120 km de Rotterdam. Ese día hice 120 km en bicicleta, no por evadir la acción de pagar un lugar para dormir, sino por la interesante propuesta musical de mi anfitriona. Miriam es una señora de 40 años, que vive con una amiga suya, de 60 años, y eventualmente convive con su novio. Le encanta hacer música, y mas allá de cualquier otra cosa, es parte de mi motivación conocer a otros músicos en el camino. También estuvo 2 años en Argentina, y su nivel de español es algo que me relaja un momento. Yo pensaba que en estos dias no hablaría inglés, pero la inesperada suerte de conocer a una genial persona como es su amiga de 60, llamada Joke, y su propia historia y entereza para afrontar la adversidad, son elementos que me siguen inspirando y motivando a seguir con este viaje. Es mas que increíble, encontrar gente que me dobla en edad y que, a su vez, están lidiando con diferentes problemáticas tan cercanas a la mía, como la de este caso, una separación, y que encuentran en mi persona un simbolismo, una razón para seguir adelante, un consejo de aliento, unas palabras que jamás considerarían escuchar de alguien más joven. De repente, sabemos relacionar nuestros desaciertos, nuestras derrotas. Y es fundamental ayudarnos, respaldarnos, enseñarnos a transitar nuestro mal momento. Aún hoy, me cuesta poder entender la mecánica de los sentidos, de los sentimientos. Y no soy ajeno, aprendo constantemente, y enseño también, sin esperarlo.

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El pueblo no es lo que esperaba, un lugar pequeño aunque pintoresco, el cual no me llama particularmente la atención, pero los bosques que adornan los alrededores me esperan, me hablan, callan, me enseñan, me regalan la paz que buscaba, el silencio, la niebla, las luces lejanas. Senderos interminables de bicicleta, caminos improvisados que se muestran, me regalan vistas hermosas, me prestan el espacio necesario para comprenderme a mí mismo, a la extraña suerte que me guía y me encuentra con tanta gente genial, y me siento agradecido, contento, esperanzado y con energías renovadas. Recuerdo a mi familia, las largas sobremesas, las tardes de mates y charla. Me pregunto si después de todo este tiempo habrá cambiado algo en aquella casa. Me dejo llevar por el camino ahora, como el curso de un río, como el vuelo de un ave. Me siento distante, ajeno al concepto de unidad, de compartir, de la calidez que representa la familia. Pero eso no resulta en algo negativo, sino que todo lo contrario, siento las fuerzas necesarias para continuar con este viaje, de enfrentar cualquier adversidad, de dibujar una sonrisa y contagiar la alegría. Sin advertirlo, como suele suceder cuando uno lo disfruta el momento, ya pasaron 3 días. Ya puedo volver a alguna ciudad. Los planes toman un rumbo inesperado. Habrá una enorme fiesta de carnaval en Maastricht, y estoy invitado. Los participantes? miles, pero entre tantos puedo distinguir a Vero, quien me alojó en Berlin, Franzi de Hannover, Friso de La Haya, Marga de Rotterdam, Miriam de Uden, y varios conocidos más. Resumiendo: no puedo faltar.

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