Entre Holanda y Bélgica

13/02/2015

Eindhoven de un pantallazo, y el carnaval que comienza.

Temprano a la mañana, el primer inconveniente surgía. Un pinchazo inesperado, que seguramente sufrió la bicicleta cuando paseaba por los bosques. me resultó muy complicado dar con el minusculo problema que me detenía, razón por la cual pude finalmente salir de Uden llegado casi el mediodía. Con toda la prisa posible me dispuse a emprender mi etapa del día, siendo Eindhoven el destino elegido, dada la hora en la que salí.
El camino fue bastante adverso por la tarde, con una cuota importante de viento y parciales pero inquebrantables lloviznas frías. De todas maneras, logré cumplir mi fácil objetivo del día.

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La llegada fué digna de un libro de cuentos fantásticos en el cual también había recortes de cómics: Dos Power Rangers haciendo figuras, Bob esponja charlando con Jack Sparrow, La pantera Rosa bailando con un jugador de fútbol americano, todo esto bajo la colorida imágen de la peatonal, repleta de guirnaldas, globos, luces de colores, barras improvisadas, y canciones tradicionales de la festividad. Me resultó bastante fácil comprender que la fiesta de carnaval ya había comenzado en Eindhoven, a pesar de que faltaba un día. Mi cita obligada era en Maastricht, al día siguiente, en la casa de una amiga de Marga, Vero, Franzi, Friso, Massimo y Miriam. Ella nos alojaría a todos en su departamento. debía llegar allí a las 5 de la tarde.

14/02/2015

Maastricht, la gran fiesta.

La mañana me encontró ya en el camino, con todo el optimismo y el entusiasmo de reencontrarme con toda esta maravillosa gente que tuve la suerte de conocer en el camino. Solamente una breve llovizna me acompaño cerca del mediodía, mientras cubría un ondulante tramo entre Weert y Kinrooi, pueblos de Holanda y Bélgica, respectivamente. De a ratos podía ver el río a mi izquierda, a medida que avanzaba hacia Lanaken.

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Fue un trayecto bastante sencillo y organizado, bien demarcado y, si bien debía realizar algunos tramos sobre la ruta con los demás vehículos, me resultó fácil desplazarme por la misma. Pasadas las 3 de la tarde llegué a Maastricht, en cuyo hermoso centro decidí esperar a que se hicieran las 5 para poder ir a la casa de Marlena junto con todos los demás.

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El ambiente era muy festivo, y decidí improvisar un disfraz bien simple dado que no dispongo de mucha ropa como para este tipo de eventos. Todo el mundo estaba disfrazado, familias completas, grupos de amigos, parejas y demás. Más allá de la fiesta, me interesaba reencontrarme con mis anfitriones anteriores, compartir una buena charla para actualizarles mi recorrido, bailar un buen rato y conocer la ciudad. Los 2 días posteriores me dieron paño suficiente para eso. Por la noche, tambien pude conocer a mas amigos de mis conocidos, entre ellos a Esteban, un Argentino que vive en Bruselas, y que no tuvo ni un segundo de duda a la hora de invitarme a su casa cuando esté viajando por allí. La noche se disolvió entre bailes, fotos, charlas, cerveza y dispersión. Caminando de regreso a la casa de Marlena, encontré tirado cerca de un semaforo un paquete de tabaco nuevo, a estrenar, con papeles y filtros dentro. Extraños regalos de la descontrolada noche que alguno tuvo. El cansancio me gana de a poco.

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Maastricht es un lugar muy bello, en el cual se destaca su centro y alrededores con callejones muy bellos que serpentean dejando hermosas postales con sus calles de adoquines, los grandes puentes camino a la estación y las construcciones imponentes de antaño. Los campos verdes de las afueras de la ciudad también tienen su atractivo, mas que nada en direccion sur, en la cual ya podemos comenzar a vislumbrar las ondulaciones de los pequeños montes que rodean el área, de camino a Bélgica. Desconozco la historia del lugar, pero sin dudas es atrapante cada calle, cada esquina.

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El frío de invierno está cediendo lentamente, a medida que me dirijo al sur. mañana iré a Liège, en lo que será mi segunda incursión a Bélgica. Estoy muy ansioso, me siento seguro y a la altura del desafío que representa este próximo país. Me han dicho que andar en bicicleta por Bélgica es muy diferente a Holanda. Los caminos, si existen, estarán en muchos casos parcial o totalmente en mal estado. De todas maneras no me fío de las impresiones descriptas por los demás, y voy a descubrirlo por mí mismo.

16/02/2015

Rumbo a Liège

La ruta me vió pedaleando a las 9 de la mañana, en un tramo que sabía no iba a representar mayores inconvenientes para mi marcha. Decidí detenerme algunas veces a capturar algunas imágenes del camino, de las bellas postales que se iban grabando en mi retina.

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El día fue bastante benévolo, y no demoré en llegar al primer pueblo de Bélgica, llamado Visé. Efectivamente, las reglas para la circulación en bicicleta cambiaron, aunque de manera muy leve. Este camino coincidía con el comienzo de una de las ciclovías nacionales de Bélgica, la “RaVel 1”, la cual cubre un trayecto de 96 km desde Maastricht a Namur en la región de Valonia.

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Las postales eran mas bien industriales, pudiendo ver varias zonas de cargamento y puertos, canteras y plantas de tratamiento de residuos, a medida que me desplazaba prácticamente pegado al curso del río Mosa. Tal vez podría haber avanzado hasta Namur, pero decidí tomarmelo con calma, dado que me parecía adecuado para mi anfitrión en Namur, Florian, quien acordó recibirme el 18/02. Esto me daba 2 días de margen, 2 días para poder conocer algo de Liège.

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Llegué a la ciudad alrededor de las 3 de la tarde, me ubiqué en un hostel, salí a caminar, me maravillé por las hermosas vistas del lugar, hablé con gente del lugar, regresé mas tarde al hostel, pedí prestada una guitarra acústica que había y me regalé una tarde de acordes, sensaciones y recuerdos, imágenes de asados con amigos, ensayos con aquella banda que integraba hace unos años, tardes de mates en la clásica ría de Río Gallegos, profundas charlas interminables con Marcos, Rodrigo, Felipe, Lihuel, Matías, Carlitos, Mariano, Diego y su familia. Me sentí de regreso en el tiempo, dibujando acordes de aquellas canciones que componíamos con Rodrigo, preguntandonos si aquello tan entretenido para nosotros podría alguna vez tener algún impacto en la gente, si el mensaje era concreto, si los destiempos serían lo adecuado. Yo tuve que dar un paso al costado con el proyecto, porque mi trabajo no me permitía darle una continuidad orgánica al crecimiento de la banda. Al mismo tiempo, fuí aceptando que, en mi vuelo creativo, los chicos no siempre me comprendían. Yo veía excelentes músicos comenzando a descubrir su potencial de a poco, dejando la repetición perfecta del cover a un lado, comenzando a ser ellos los verdaderos protagonistas en cada compás, en cada nota, en cada vuelta, en cada corte. Sé que ellos, en su descubrimiento constante, no lograban ver el verdadero potencial que poseían, y que por eso mismo no siempre comprendían mis ideas. Tal vez hoy finalmente lo hayan visto. Por mi parte, estoy seguro que aporté mi mayor esfuerzo para que lo puedan ver. Me encantaría volver a ensayar con ellos, aunque sé que nunca nada es lo mismo que antes. Nosotros ya no somos los mismos. Y tal vez esa sea la clave, el vuelo que logre crear algo genial. Vuelvo al hostel nuevamente, aunque mi cuerpo ya estaba allí. Devuelvo la guitarra, termino mi cerveza y me voy a dormir.

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La ciudad es muy pintoresca, con edificaciones bastante modernas, calles angostas, ascensos, bajadas y el ritmo habitual de los cambios de semáforo, la oficina, los autobuses y todos los estudiantes que se relajan en la plaza central al mediodía. Nada novedoso, pero sí tiene su atractivo. La tarde cae rápidamente, y el frío de la lluvia me obliga a regresar. Algo pude ver, y no me desagradó para nada. Reviso mi trayecto, el que mañana me llevará a Namur.

18/02/2015

La ciudad tiene altura.

Cerca de las 8 de la mañana emprendí mi avance, siguendo el margen del río Mosa, en dirección a Namur. No fué un día particularmente malo, pero el clima de a ratos no acompaño. Mi única parada fue algo corta e inesperada, cuando tuve que salir de la RaVel 1 obligadamente, porque una obra en construcción la convertía en un abrupto barranco, a un lado de la planta de energía nuclear.

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Mis 2 opciones: regresar 8 km y retomar por la carretera, o desmontar el equipaje de mi bicicleta, subir a una autopista, rearmar el equipaje y cruzar por la misma, avanzando unos 700 mts sobre el camino, y llegando directamente al corazón de Huy. Sin dudas ni miedos, hice la segunda.
La salida de Huy me recordo a las inmediaciones de la ciudad de Bariloche, con grandes elevaciones de piedra al lado del camino, con nutridos bosques, y con un cauce de agua al otro lado. No era un lago como el de Bariloche, pero la sensación era muy similar. Me reencontré con la RaVel 1 ya en las afueras de Huy, y continué a ritmo constante hacia Namur.

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La tarde cayó aproximadamente a las 18hs, y el frío comenzó a invadir todo. llegué a Namur alrededor de las 20hs, sin saber que mi anfitrión reside en las inmediaciones de la ciudadela de Namur, un lugar que se encuentra a una altura considerable. los últimos 800 metros fueron a pie, dada la inclinación de la calle en la que vive Florian. Timbre, recibimiento, un té, consejos referentes a lugares para conocer, ducha y a dormir.
La mañana siguiente me encontró caminando por la Citadelle de Namur, un lugar que se encuentra situado en la mayor de las alturas de la zona.

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La vista de la ciudad es imponente, y la fortaleza de Namur es otro espectáculo aparte. Es evidente que este lugar representa una zona estratégica a nivel bélico, dado que desde allí no solamente se puede ver toda la ciudad, sino las lejanías y el cauce del río con absoluta claridad.

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Toco las paredes de la antigua fortaleza, camino por las inmediaciones de las barracas, me interno en un angosto y extenso camino que conecta una red de pasajes internos situados dentro de este alto monte, hasta que en un momento no percibo el suelo. No puedo avanzar, solo volver e intentar no perderme en el laberinto que representan los caminos. Toda la luz de la que dispongo mientras avanzo es la de mi tablet. Por suerte, recuerdo cada giro que dí, y no demoro en volver a la salida, a la luz del día nuevamente. camino por senderos que descienden hasta el centro de la ciudad, situado abajo de la ciudadela. Me atrapa la arquitectura, los lugares, los callejones con adoquines, las plazas. No recuerdo haber visto ninguna ciudad como ésta. Mi camino debe seguir, tal vez a Dinant. Según leí, hay un castillo abandonado en las cercanías de Dinant. No sería mala idea visitarlo.

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